Concurso de relatos

 

 

 

 

I Concurso Colaborativo

Internacional de Microrrelatos

  

 

 

GANADOR:

 

Papel secundario

Ricardo Hierro

 

Déjale a ella el papel de pájaro y haz tú de tortuga. El público acaba siempre aborreciendo al pájaro. Te lo digo yo, que he visto esta función cientos de veces. Durante el primer acto les resulta simpático ese incesante aleteo. Se dejan encandilar por el monólogo de las migraciones, todos esos viajes.

Pero hacia el final de la obra, tanto derroche de actividad llega a cansar a los espectadores. Relajan entonces la atención y pasean la mirada por los rincones inexplorados del escenario donde se esconde la silenciosa tortuga. Y, lo creas o no, se enamoran del personaje.

 

 

ACCÉSITS:

 

Calcinados

Patricia Figuero

www.patriciafiguero.com

 

Cada vez son más. Ellos, los hombres calcinados. Desde hace semanas diría, incluso, que son mayoría. Están en todos sitios; en las azoteas, en los parques, junto a las vías del tren… No he visto gente más silenciosa. Al principio parecían estar perdidos, y era muy triste mirar sus manos, ásperas y oscuras, como a punto de desprenderse de sus muñecas. Aunque ahora que son muchos, mayoría, ya digo, hay algo distinto en ellos, en su forma de aproximarse. Cuando nos cruzamos, yo fuerzo una sonrisa cómplice, como diciendo: “reconoced mis cenizas”, pero enseguida regreso a casa, apresurando el paso.

 

 

Los corazones alados

Ana Ferrer

http://cafeconlechesinazucar.blogspot.com.es/

 

Había oído hablar de ellos, pero yo sentía que el mío era un nido. Un espacio hecho con ramas, que esperaba siempre a los heridos en otras historias. Hombres que venían buscando el sueño y dormían en mí por las noches, como invitados del reposo, con las constantes basales y las palabras revueltas en pesadillas. Y se despertaban a la mañana siguiente convertidos en cuervos con alas. Invencibles. Capaces de todo, menos de quedarse.

 

 

Informe

Paz Monserrat

http://pazmonserratrevillo.blogspot.com.es/

 

Se trata de Caperucita.

Al principio, la alegría de la casa. Siempre haciéndole recados a su mamá, tarareando las canciones de moda y deseando tener éxito en el instituto.

Después, devorada sucesivamente por su profesor, su jefe, y ahora su marido, que jura necesitarla y quererla con locura.

Lleva dos días en la casa de acogida, y esta tarde se acaba de dar cuenta de que la directora tiene todos los rasgos de la cara sospechosamente grandes.

 

 

 

FINALISTAS:

 

Inconsciente

Asun Gárate

 

Ya vienen a buscarme, se lamenta la niña subida a la rama más alta del árbol más alto del bosque de sus sueños. No quiere bajar, solamente desde allí conseguirá alcanzar el cielo, detener el viento que agitó el mar y agrandó las olas, acompañar a las cigüeñas, buscar a su hermanito.

Oye cómo la llaman. Alguien, quizás su madre, le ha tocado los pies. Pero no piensa volver sin Dani. Y la próxima vez que jueguen en la playa, no permitirá que la corriente se los lleve. Ni a él, ni a ella, ni a su pelota de colores.

 

 

Desorden

Miguelángel Flores

www.eternidadesypegos.blogspot.com

 

Un hombre se afeita, se levanta y después, despierta. Se peina y apaga el despertador. Sale hacia el trabajo, luego se viste, pone la tostadora y se ducha.

Cae en lo desordenado que ha amanecido el día cuando, al bajar al garaje por la rampa, es atropellado por su propio coche, mientras él va conduciendo.

 

 

Decisión irrevocable

Elena Casero

 

Anoche me morí en tus brazos. Lo hice sin pensar, por cariño, por ti, como siempre. Te asustaste solo un poco. Después, cuando yo ya había cerrado los ojos y creías que no te veía, te relajaste y sonreíste feliz. Me abandonaste en el sofá, tal como me había muerto, algo desmadejada. Te escuché hablar con ella. Tu voz sonaba con un timbre pulido, tan diferente del que usas conmigo, tan áspero que araña el corazón. Te perfumaste y saliste de la habitación sin darme siquiera un triste beso. Esta mañana, he decidido no volver a morirme nunca más.

 

 

Efecto mariposa

José Ángel Maneiro

 

El mar golpea las rocas obsesivo, alentado por la lluvia y el viento. Ella, que nunca ha sabido caminar descalza sobre las rocas de la playa, camina descalza sobre las rocas de la playa, que además están cubiertas de espuma. Resbala, y al resbalar no sabe que su caída lo obligará a Él, muchos meses después, a buscar una solución desesperada en un libro de autoayuda, el mismo libro que también agarra Ella, otra Ella, sin saber que Él es lo que siempre ha estado buscando.

 

 

Las vírgenes de la sala 3

Ivana Miglino

 

Las vírgenes de la sala tres dan grima .Las hay del tipo mafiosas, siniestras. Sus pechos de mandarina alimentan al niño famélico del hambre que le da el amor. Conservan su virtud de naftalina sentadas en altares color carmín.

Rubias, pelirrojas, morenas a juego con sus pequeños, los toman de la mano, de la patita o acarician la mejilla.

Trepadas en los arboles, construyen nidos de ramas secas, que albergan su instinto de mamá pájaro. Se dejan pintar por internacionales pintores que las conciben con cara de lejía.

 

 

Margaritas

Isabel Wagemann

 

Me quiere mucho, poquito, nada. La puta margarita deshojada mil veces. Porque aunque me quieras o no me quieras, soy yo la que se arranca los pelos, la que se trasquila el pubis en esta noche negra. Porque aunque sé que me quieres y sé que no me quieres y sé que no te quiero, me aferro a esta flor donde te arranqué el deseo y me arrancaste las ganas.